por Eduardo Osorio Orozco, “El Mexicano”

UNA ESPERA DE 6 AÑOS

Hola Club Natación Alone:
Espero que todo muy bien, después de esto creo que van ustedes a entender muy bien de que hablo y lo que ha representado para mi nadar la Madre de todas las travesías.

Mil mil mil gracias por darme la oportunidad de ser parte de ella, significa más de lo que ustedes puedan imaginar.

“UNA ESPERA DE 6 AÑOS”

09/07/17, 04.40 hrs. sonaba la alarma, apenas había podido dormir poco más de dos horas, en otras travesías siempre son los nervios los causantes del insomnio pero en ésta ocasión era pura emoción y adrenalina.

Había tenido que esperar 2190 días para poder nadar por primera vez la Mítica Travesía Tabarca – Santa Pola, se dice fácil pero tuve que pasar por mucho, desde “aprender” a nadarytenermuchapacienciahastavermecapazdepodernadarla ytenerlaoportunidad de ser elegido para ser parte de ella.

5.15, Mike y yo estábamos ya de camino al puerto de Santa Pola, por mi cabeza pasaba una sola cosa -“Voy a disfrutarla y vivirla al 200%, no importa cómo esté el mar”-, la experiencia de otras travesías y entrenos me daban ésa tranquilidad y seguridad y sólo quería bebérmela brazada a brazada.

En ésta vida son los pequeños grandes detalles los que marcan la diferencia en todo y una semana antes del gran día ya era bombardeado por detalles, todos ésos correos con información muy útil sobre la travesía, el ubicar tu número de dorsal en la penumbra de la noche y un mar de gente somnolienta tan fácil e intuitivamente, lo mismo que donde dejar tu mochila en tierra y últimas

pertenencias en la isla, el marcado del dorsal, el sello con el logo en el ante brazo, las indicaciones en la megafonía, el gorro oficial, la boya con el número de dorsal, el silbato, el registro del chip a lo largo de todo el trayecto hasta la línea de salida, detalles, detalles por todos lados, una organización perfecta e impoluta que hacía parecer que no éramos la cantidad que éramos, todo milimétrico.

Saludar a los amigos en tierra, en la tabaquera y en la isla, caras conocidas, buena onda en el ambiente, fotos, abrazos, buenos deseos, alegría, emoción, sonrisas…aderezadas con el viento en la cara, olor a mar al vaivén del mar, a nuestras espaladas Santa Pola, frente a nosotros Tabarca.
Vatasa entre las sombras, -“Ahí, ahí mismo es”- , las boyas, una tras otra, tras otra, amarillas, rojas amarillas, marcadas del 1 al 5, indicando el trayecto a seguir, El Cabo de Santa Pola y de pronto cómo en una postal, el sol asomaba entre el Faro y Tabarca y del otro lado la luna se ponía…immmmpresionante, -“Dimensión Paralelisima!!!”-, todo era buena vibra, de CINE!!!.

Aplausos y gritos de agradecimiento anticipado desde el Ferri a los kayakers, zodiacs y el gran despliegue de seguridad que ya vigilaba y aguardaba por nosotros, nuestros ángeles que habían madrugado aún más que los nadadores para hacer de nuestro camino una verdadera aventura sin tener que preocuparnos de nada.

-“No te conozco pero mucha suerte y que lo disfrutes a tope”-, ésas eran las miradas y sonrisas que nos intercambiamos el millar y medio de gorros verdes con gafas mientras nos llenábamos de vaselina y nos dirigíamos al arco de salida.

Desde lo alto la playa cubierta por un mar verde y naranja esperando la salida, fue entonces cuando fui consciente de lo que estaba a punto de comenzar y vivir…se me erizo la piel y entonces más de mil voces en unísono: – “10…9…8…7…3…2…1”-, poco más de cinco minutos se necesitaron para que todos los nadadores estuviéramos ya en el agua, Llanos, Tomi y Mike entramos juntos, buscamos el extremo derecho y en la tanda final para evitar la multitud y reducir el número de patadas y manotazos pero era imposible no dar y recibir, la ley de la jungla, abrir brecha, buscar el hueco, intentar colarte entre uno y otro, con los reflejos súper alerta y moviendo la cabeza como en el boxeo para esquivar pies, manos, codos, rodillas…y así los primeros dos kilómetros, Mike y yo fuimos hombro a hombro picando piedra y pasando nadadores mientras nos mirábamos por debajo del agua sonriendo, era divertido.

Boya 1k, Boya 2k…pero a los 2500 mts. nos perdimos, imposible ir juntos todo el camino eramos muchos y todos uniformados igual, yo me iba guardando desde la primera brazada, no quería emocionarme y luego quedarme sin fondo, mi objetivo era disfrutarla a full, a los 2700 pare en el avituallamiento por un poco de agua a la vista la Boya 3k, 1’14 min., mitad de camino y me encontraba perfecto.

Vuelta a la batalla, ésta vez las enormes boyas que flotaban en el mar ya no eran tan fácilmente visibles pues el mar comenzó a moverse y el oleaje que venía del norte nos estaba haciendo bailar, la salvación fueron los enormes globos de helio flotando en el aire amarrados a las boyas, indicando el camino a Wonderland -“Detalles, Detalles”,
afortunadamente para mí el respirar sólo por la derecha me ayudo a no tragar agua y cubrirme del oleaje, dejé las boyas a mi derecha para poder verlas más cómodamente y para evitar el transitado camino naranja y verde, de ésa forma tenía todo controlado y podía medir mi velocidad con respecto a los demás, ya que el trayecto desde el avituallamiento hasta el kilometro 5 fue durito y quería saber si iba más lento o si a los demás les estaba costando igual, ubique a tres nadadores desde el avituallamiento y ya no los solté, boya amarilla, boya roja, globo de helio, visita de un kayaker, al rato otro kayaker, luego otro, en las boyas siempre dos salvavidas amarrados (just in case), -“datalles y más detalles, jamás me había sentido tan seguro y tranquilo en mi corta vida de nadador, podía concentrarme en mi carrera al 100%”-, por mi cabeza imágenes de cómo se vería desde el cielo el trayecto hasta tierra firme, una súper carretera verde y naranja constante y sin interrupción uniendo la Isla con la Peninsula, los fondos marinos impresionantes como siempre, llenos de vida y verde, el agua perfecta de temperatura y cero medusas, a lo lejos escuchaba ya al speaker con el micrófono animando y recibiendo a los nadadores que concluían su travesía, -“sólo seis boyas más y listo, vamooos”-, seguí.

-” ¡¡¡Hombre, el Triburon Azteca, me dijo Sensei al verme desde el kayak, dale Edu, dos boyas más ya lo tienes, patada de chino y a tu ritmo!!!”-. ¡Subidón! Brazada tras brazada la carpa y mis chicas estaban cada vez más cerca, estaba a metros de lograr lo que seis años atrás me había prometido a mí mismo, pare un momento para quedarme con la foto de Varadero, la gente, la fiesta, las sensaciones de emoción y satisfacción, -“Ya casi llegamos, donde está la otra boya?, me pregunto una chica a mi derecha”-, -“Ya no quedan boyas, nos las hemos comido todas, le dije mientras nos miramos y reíamos, vamos a tierra”-, sentimientos encontrados, por un lado feliz de haberla nadado y haber sido parte de ella pero también triste de que hubiera acabado.

Salude de Roberto Bonmati que estaba con su kayak en la orilla, -“Vamos Tiburóoooon!!!, me gritaban voces a lo lejos”-, -“Papi, Papiii”, la voz de Valeria que me esperaba en la orilla”-. Subidón de adrenalina! corrí a abrazar a Valeria y fui a saludar a mi chica y todo el equipo de Natura que estaban esperando por los que quedabamos “Cómo en mi primer Santa Faz, pensé”, tomé a Valeria de la mano y fuimos a la línea de meta, donde estaba el locutor con el micrófono recibiendo a los nadadores (hace cuatro años escribí un correo al Club Alone expresándoles las ganas que tenía de nadar algún día la travesía y que me dieran consejo sobre donde podía aprender a nadar, año tras año le contaba mis humildes avances en la natación), -“Y les decía, algún día os daré la mano cuando llegue al arco de meta y os diré que soy Eduardo el Mexicano”-, ése día fue el domingo, acompañado de un gran abrazo, dicen que cada Travesía tiene un historia diferente para cada uno, en mi caso es por mucho la mejor travesía que he nadado con una historia de seis años, cambios importantes en mi vida para bien y la satisfacción de haber logrado vencer temores y dudas.

Más de 1400 nadadores, 22 ediciones, 5900 metros, 12 países diferentes, 200 kayaks, 100 apoyos de Zodiacos y Botes, un montón de voluntarios y la Bandera de México y de España entre el resto de banderas.

No me tomó 3 horas nadarla, realmente me tomó seis años y los han merecido todos y cada uno de ellos en cada brazada y bocanada de aire, soy un afortunado por practicar el deporte más bonito del mundo.

Eloy Eduardo Osorio Orozco, Eduardo “El Mexicano”.